El día ha sido largo, empezado a
las 4 y media de la madrugada, que tocaba levantarme para coger el vuelo con
destino Bergen. Con los nervios no he dormido nada y esta mañana en casa solo
podía pensar en mis pequeños amores huroniles, me tenía que despedir de ellos.
Les voy a echar muchísimo de menos, por las mañanas que no estén ahí para darme
los buenos días es lo que más me va a costar de todo.
Tras llantos y despedirme de
ellos, tocaba en el aeropuerto despedirme de mi mami y de mi novio. Sé que les
voy a echar muchísimo de menos también, aunque me he ido un poco más tranaquila
sabiendo que con ellos al menos voy a poder hablar por Skype.
Después de tantas lágrimas, era
el momento de emprender el vuelo. Todo ha ido bien aunque con un poco de
retraso, hacíamos escala en Amsterdam. Por el camino me he ido encontrando a
gente que también venía a la misma residencia de Erasmus. Está bien porque vas compartiendo nervios y no te sientes tan solo yendo a mundo desconocido =P
Al llegar a Bergen y recoger las
maletas (destrozadas por cierto, y eso que iban precintadas y todo, no las dan
cariño mientras las llevan de un lado a otro…), nos encontramos con el primer
problema: ¿Cómo demonios nos íbamos a mover por la ciudad con dos maletas
enormes (un total de 50kg) una de mano y un portátil? Pues sí, al final se
consigue, aunque estoy segura de que mañana tendré unas agujetas impresionantes
en la espalda y brazos.
Cogimos un autobús, destino el
centro de Bergen (según sales del aeropuerto te dicen "Spanish, Fantoft rgiht? ", así que es fácil de encontrar), donde debíamos recoger las llaves y luego ir a la residencia.
Solo se me ocurre una palaba para describir como me sentí durante ese trayecto:
HORROR. Nunca había recorrido calles tan empinadas cuesta arriba con tantísimo
peso, vamos yo no podía. Menos mal que Carlos (uno de los chicos que venía con
nosotros) me cambió mi maleta enorme por la suya de mano (y aun así me costó
horrores subir, con lo cual no se él como lo hizo). Una vez cogidas las maletas
tocaba el tren para ir a la residencia. La vuelta fue mucho más llevadera ya
que era todo cuesta abajo prácticamente, pero el cansancio se iba acumulando
poco a poco.
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| Descansando a mitad de la cuesta |
Por fin llegábamos a Fantoft!
Pero no sabemos muy bien qué ocurre que al llegar te da un bajón de cuidado, de
decir: Oh dios mío, donde demonios me he metido, y lo peor de todo, voy a tener
que vivir aquí un año.
Aquí podéis ver un vídeo de cómo
son las habitaciones según se llega, la habitación es individual y el baño se
comparte con una persona al igual que la cocina.
Tras ver lo triste que es
fantoft, decidimos ir a comprar al supermercado que se encuentra en frente de
la residencia, un poco caro, pero para los primeros días está bien no tener que
moverte mucho más con todo el cansancio que se lleva encima. Pero claro, llegas
allí y dices a ver, ¿Qué me hago para cenar? Y te das cuenta que no tienes ni
platos, ni utensilios de cocina, ni ollas ni absolutamente nada. Entonces te
vuelve a dar el bajón. Mi compra finalizó con un paquete de salami, queso de
untar, panecillos tostados, leche, cereales para el desayuno y unas oreo. En
total 204NOK.
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| Botellita de agua, salami, panecillos y queso (El cuchillo me lo regalaron). |
Con esto finalizamos el día,
cenando, una duchita y a dormir que mañana toca un día largo que ya os contaré.
Mil besos desde Bergen!